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Pocos
conocen su existencia, su amor al trabajo, cuánto la
fraguó la vida, y su entrega, sin límites de tiempo y
peligro a la obra de la Revolución. Cuando escuchamos su
historia viajamos milagrosamente en el tiempo y
pareciera que nos recreamos ante una de las obras
cumbres de la plástica cubana y placeteña. |

Oleo de la
Mujer Pasionaria |
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Es
imposible no apreciar la gama de colores cálidos que le
dan vida, que reafirman su temple y corazón: el rojo de
la pasión por del trabajo y la lucha que avala su
seudónimo; el verde, la esperanza y la fe por hacer de
nuestra patria una Cuba nueva que eliminara la
humillación y discriminación de la mujer, poniendo
siempre en alto la entrega y valor del sexo femenino.
Nació un 1ero de noviembre de 1890, en Placetas, cinco
años antes de que naciera en España su homóloga Dolores
Ibárruri, en Gallarta, Vizcaya, en 1895. Fueron dos
personalidades afines pos seudónimos y sentimientos
patrióticos. Dolores fue dirigente obrera, Diputada en
las Cortes en 1936, Secretaria del Partido Comunista
Español desde 1942. Isabel, a los 15 años trabajó en las
escogidas de tabaco y en despalillos. Por sus
actividades revolucionarias estuvo encarcelada, pero
esto no hizo mella en su decisión de continuar la lucha
por una cauda justa. En la década del 30 creó la primera
rama del Partido Comunista de Mella y Baliño, en
Placetas, junto a un grupo reducido que se reunían en su
casa para realizar lecturas de marxismo-leninismo. Entre
los años 1957 al 58 confeccionó uniformes y brazaletes
del 26 de julio para los rebeldes, guardaba medicinas,
armas, dinero y escondía en su hogar a jóvenes que luego
eran llevados a algunos frentes de combate.
Tuvo
cinco hijos, todos vinculados al trabajo de la
clandestinidad, etapa en la que ella es conocida con el
apelativo que da nombre a la maravillosa “Flor de la
Pasión”: “Pasionaria” y que la unió en sus ideales a la
española Ibárruri. Sus hijos fueron militantes del
Partido Comunista luego del triunfo de la Revolución.
Hombres de la talla de Blas Roca, Lázaro Peña, Jesús
Menéndez y otros, dieron fe de su coraje, lealtad,
firmeza, convicción revolucionaria y hospitalidad, al
ser recibidos al igual que otros compatriotas en su
humilde hogar.
Ante
su fotografía percibimos un fuerte contraste
claro-oscuro: el fondo oscuro de su niñez, con la muerte
temprana de su padre, la enfermedad de su madres y la
responsabilidad de la crianza de cinco hermanos;
permitieron acentuar los efectos de la luz en su etapa
adulta, que la destacan y la ubican siempre en un primer
plano donde se refleja vergüenza, honor, amor al
trabajo, justicia y la valentía de haber sido una
patriota de su tiempo hasta su deceso el 24 de julio de
1981, a la edad de 90 años. Nos quitamos el sombrero
cuando apreciamos la belleza que atesora en una de sus
salas del Museo Municipal de Placetas, el óleo de la
“Pasionaria”.
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